Nunca dejo de lamentar las grandes pérdidas artísticas de mi vida: Luca Prodan, Freddie Mercury, Kurt Cobain, Alberto Olmedo, Stevie Ray Vaugham, Stanley Kubrick, Michael Hutchence.Y hasta a veces me hago problemas por algunas que no viví, como la de John Lennon.
Gente que deja rastro, que se las recuerda con alegría y algo de angustia. Cuando agrego a alguien con solo dos obras realizadas, es que se trata de algo grande.
Eso me sucede con Fabián Bielinsky, el último gran director argentino, con derecho propio para entrar al panteón cinéfilo que lidera en las alturas el gran Leonardo Favio.Fabián "nació" con Nueve reinas (2000) en un éxito unánime –con remake y todo- con críticas yankis que la consideran “una clase maestra de cine” o “un clásico del género negro”. Sin nada más que decir, cuelgo mi reseña de El Aura.

Después de ese milagro que fue Nueve Reinas, siendo una ópera prima con éxito de crítica y público superlativo, en la cabeza del director pasaron seguramente muchas cosas. Por eso se tomó cinco años para meditar su próximo paso.No casualmente fue un proyecto que data de mucho tiempo y que el éxito de Nueve Reinas cambió de tono, para hacerlo más lúgubre que en su nacimiento.
La apuesta se hizo esperar y resultó ser la confirmación de una nueva estrella de la dirección argentina, hablando exclusivamente de talento, demostrando que no fue ninguna casualidad lo hecho.
Esta vez el mejor actor argentino Ricardo Darín no se convierte en lo más excluyente del film, no tiene que desplegar todo su bagaje expresivo con este taxidermista epiléptico, mérito del director que hasta parece decirnos que su primer opus fue sólo una excusa para realizar este.Además, en sus films ningún actor desentona. El Aura es la antítesis perfecta de su precedente, pero también es como aquella, redonda, con un guión sólido por donde se lo mire y con excelencia en todos sus rubros.
Pero es oscura y se apoya más en sus climas que en el ritmo, pausada sin ser lenta; solo el comienzo nos remite a Nueve Reinas con las escenas del cajero y del soñado robo, filmado con la precisión y el timming marca registrada ya de Bielinsky.
Hay referencias sí. El uso de la música clásica y los bellos encuadres nos remiten a Kubrick, los climas a los thrillers clásicos de Hitchcock, los bosques espesos a los mismos de Shyamalan. Hasta el montaje del comienzo, con su apesadumbrado y estático protagonista, nos recuerda al genial Buster Keaton de Las 7 ocasiones.Detalles nomás de un guión de relojería, pero más relajado. Solo un "lapsus" seria descartable, que es cuando el protagonista cuenta su experiencia con sus ataques. Una escena deudora del explícito cine argentino. Un film con varias capas, que se escapan en una única mirada.
Un robo promedia la película y la parte en dos. Forma atípica de abordarla, casi ausente -un robo que se siente más que lo que se ve- y que agrega una dosis de "casualidad" al guión, sin perjudicar en nada al mismo. Bielinsky no solo no defrauda teniendo en cuenta su film antecesor sino que se supera. Gracias también por un bello final abierto, detalle casi inédito en el cine argento de los últimos 30 años.Una película que nos reconcilia con la idea romántica de los que creemos que el dinero no es la solución, ni la única opción. Y que, inclusive, no cambia a nada ni a nadie. Un pensamiento tan oscuro/placentero como El Aura, nuevo clásico del cine argentino todo.

Por si fuese poco... ¿Cuanto hace que no se veía un poster así?
“Sus películas restauran la atmósfera que hacía del viejo cine negro algo tan poderoso... Bielinsky, en el que tristemente será su último filme,
demuestra una maestría formal que da miedo”.
A. O. Scott (New York Times)
“Es una película obligatoria para los amantes del género, el thriller más original que he visto desde Memento. Es un excelente testamento de su gran talento, pero es duro saber que no veremos que podría haber hecho después...
En este cuento nihilista de héroes sin nombre, mujeres golpeadas, esposas desaparecidas, matones autodestructivos y violencia sin sentido, hay algo más –tal vez una obra de Beckett o una película de hombres lobo- tratando de salir”.
Andrew O’Heir (Salon)





