domingo, 26 de diciembre de 2010

FELIZ 2011 !!

Nunca confiamos en él...

Olorín donde estás!!!

2 son mejores q 1

En las fiestas, siempre hacer el bien

Bueno, para las chicas también hay...

jueves, 11 de noviembre de 2010

CUENTO DE CORTÁZAR

         Sé que es muy difícil leer tanto texto en la pantalla de una computadora. Y que uno la mayoría de las veces no tiene ni ganas ni tiempo.

Pero un cuento de Cortázar, siempre vale la pena y el esfuerzo.




             Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar...

          Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento 12 de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafío me pase por los ojos como un bando de gorriones.

          Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enteraría; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve. Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito.

No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose. Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejillo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas.

          Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había 14 vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable...

          Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. Me decidí, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro -quizá, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aunque yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de baño o un piquete sumándose a los desechos.) Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un click final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a Lavanda, en el fondo de un pozo tibio.

Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija-ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión "por ejemplo". Apenas pude me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión. Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris. Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro.

Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad. De día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)

          Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches -sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches- y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza. Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano -yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo-; y se comen el trébol. Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos.

          Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos -un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses-, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López. 18 No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro -no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha-. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así. Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen ¡Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! ¡Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto.

          Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vana esperanza de que no sea verdad. Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa -usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos- y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido -en su infancia, quizá- que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).

A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas. Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón -porque Sara ha de ser así, con camisón- y entonces...

Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso. Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora - En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.

          Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes -no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos. He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario.

          El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.
Incluído en Bestiario

miércoles, 27 de octubre de 2010

VAN GOGH: Loco un poco, nada más...


Hablar de Van Gogh no es solo de unos los pintores mas influyentes de la historia, sino de un hombre fascinante que habló con su obra y con su propia vida, con sus palabras, con su humanidad conflictiva de forma tan pasional, como pocas veces se vió así en un artista.


Quizás es la misma clase de alma que Beethoven mostraba en su música o Kafka en sus escritos. Almas ardientes que sufrieron y fracasaron para encontrar un cause justo en el arte, para beneficio de toda la humanidad.



”Si no fuera por tu amistad, llegaría a cometer suicidio sin tener remordimientos de conciencia y aunque soy un cobarde, sé que acabaría haciéndolo.” Cartas a Theo

Pintor, dibujante, escritor, teólogo; artista. Su sino trágico comienza al tener el nombre heredado de su hermano mayor muerto seis meses antes. Infancia infeliz según sus palabras, comienza como marchand ayudante de su hermano menor Theo en una galería de arte para luego estudiar teología y ser un frustrado peregrinador a semejanza de su rígido padre.

Como todo, lo hizo de forma visceral ya que peleaba con los compradores por su gusto pictórico y dormía con los enfermos y ayunaba junto a los pobres, llegando a ser rechazado por la iglesia por su “exageración”.

Se fue convenciendo de su don de artista en su Holanda, retratando a los granjeros en sus tareas con colores oscuros, luego sus pinturas al aire libre en París, llenas de color y luz en las que predominaba su color fetiche favorito el amarillo, lo convirtieron casi un impresionista, “casi” porque sus formas fueron únicas.

Aunque ningún pintor le dio esa importancia al color del sol y a su influencia en un simple campo de trigo. No fue original, su forma fue cambiando a medida que observaba a los grandes de su tiempo: los paisajes como la obra de Monet, el color según Delacroix, las figuras como el otro gran holandés Rembrandt.

Luego, comenzó a desvanecer los contornos y darle importancia al volumen, a la maza con un raro efecto de movimiento, sus pinceladas quebradas, empastadas, sobrecargadas fue su marca consiguiendo ser un pintor original y el más moderno en su tiempo. Lo sorprendente es que casi todo su catálogo lo realizó en tan solo seis años.


Su esplendor artístico (y su gran fracaso) fue en la casa amarilla de Arles, una vieja casa que rentaba con el dinero que le pasaba, a costa de privaciones, su hermano menor. Los famosos girasoles, sus habitaciones, muebles, zapatos, la propia casa, fueron los motivos de su arte emocional, a flor de piel. Aquí invitó a varios pintores y especialmente a Gauguin para pasar una estadía.

A raíz de sus no pocas peleas (puntos de vista distintos junto a la ira de Vincent) se llega a la huída de Gauguin luego de la famosa escena del lóbulo de la oreja derecha cortada con una navaja por Van Gogh por sus desavenencias (y luego regalada a una prostituta).

Visceral decíamos antes. Al volver del hospital y hostigado por sus vecinos, decide internarse en un manicomio para una estadía de casi dos años de idas y venidas.

Una vida solitaria (solo convivió con una prostituta y su hijo y al no poder mantenerlos se marchó), no descansar y estar pintando bajo los rayos del sol todo el día, depresión, enfermedades mal curadas, mala alimentación, acrecentaron la locura e hicieron eclosión en su psiquis.

Crisis, alucinaciones visuales y auditivas. A pesar de todo nunca dejó de pintar, incluso en el sanatorio pintaba lo que veía a través de la ventana. Hoy su diagnóstico sería una mezcla de esquizofrenia con epilepsia, sin descartar la bipolaridad.



Su pintura, casi siempre sublime, no era la de un loco. Sufría por la falta de dinero (la cantidad exagerada de autorretratos se debía a no poder pagar modelos) y estaba convencido de que su obra iba a valer con el paso del tiempo.

En enero de 1890 se escribe en un diario la primera reseña positiva sobre la obra de Vincent, el mundo comenzaba a darse cuanta de su valía. En febrero vende su primer y único cuadro en vida (a bajo precio).

A fines de Julio, Van Gogh, angustiado por sus continuos ataques de locura y enterado de los problemas financieros de su hermano y de la salud de su bebé (llamado… Vincent), se dispara en el pecho justo debajo del corazón y muere a los 2 días a sus 37 años.

Su hermano, compañero único y financista de toda su obra, pierde la razón en pocas semanas y fallece antes de los 6 meses.

De ignorado a leyenda, Van Gogh es como esos meteoros que se dignan a pasar muy de vez en cuando por la tierra.



"¿Quién soy yo a los ojos de la gente? Una nulidad, un hombre excéntrico y desagradable, alguien que no tiene una posición, el mas miserable de los miserables. Aunque ello fuese verdad, me gustaría que mis obras mostrasen lo que hay en el corazón de este excéntrico, de este nadie.”
Cartas a Theo

jueves, 21 de octubre de 2010

SPIELBERG HABLA SOBRE KUBRICK




A pesar de una real amistad entre estos dos directores entablada por infinitos llamados telefónicos, cenas e ideas compartidas (recordemos que Kubrick "regaló" a Steven su versión personal del clásico cuento de Pinocho, llamada Inteligencia Artificial).

Algunos críticos subscribían a la idea de que a
Spielberg en verdad no le gustaba mucho los films de Stanley, recordando una frase del papá de E.T. en la que decía que Barry Lyndon le había parecido "solo pinturas en movimiento".

La realidad aquí son las palabras...






Para concluir, un viejo chiste sobre estos gigantes:

Steven Spielberg
acaba de fallecer y es recibido en el paraíso por el ángel Gabriel quien le dice: “Dios ha visto todas sus películas, me ha dicho que lo complazca en todo. Sólo dígame lo que necesite, cualquier cosa, estoy a sus órdenes”. Entonces Steven le dice: “En realidad, siempre he querido conocer a Stanley Kubrick ¿Puede arreglarme una cita?”.

Gabriel lo mira: “UD. sabe que a Stanley no le gustan las entrevistas, lo siento, no puedo hacer eso”… Pero UD me dijo…”.
Gabriel: “Lo lamento mucho, en verdad no puedo concederle eso”. Se van a dar un paseo por el paraíso y en eso ven pasar a un tipo con barba y chaqueta militar en bicicleta…

”OH MY GOD!, mire, allá, es Stanley Kubrick! Exclama Spielberg...”¿No podríamos detenerlo aunque sea para saludarlo?” El arcángel Gabriel se lo lleva a un lado y le dice al oído: “No es Stanley Kubrick, es Dios que se cree Stanley Kubrick”.


sábado, 9 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

LOS VIDEOS DE OK GO




          Todos dicen que la música de los norteamericanos de OK GO es insulsa, descolorida, anodina, sin valía.

Quizás tengan razón, pero de lo que no hay duda es de que son los reyes del video clip, un boom en Youtube a veces con pocos recursos, pero con muchas, muchas ideas.

Sus videos de un solo plano secuencia reúnen mas ideas que toda la videografía junta de muchas bandas. Las visitas en la net se cuentan de a millones y su fama coreográfica llega hasta la parodia televisiva. Veamos...







         Por ejemplo este video de una sola toma también, se logró al intento 60 con 30 ingenieros físicos y dos días de filmación. Cuando salía algo mal, llevaba 1 hora el volver a ponerlo todo en su lugar.
¿La canción? Nah, no es lo importante...






          Según su cantante llegó en buena forma a la toma 124!! Se entiende cuando se lo ve por los protagonistas ya que una que una de las máximas es que es una tarea casi imposible filmar a niños y animales (el tema está bien o por lo menos me gusta mas que lo que hacen en general)...






          Este cansa de solo verlo, habrán dormido en el parque ja... Se dice que fueron 8 días de lucha con la banda, extras y un ganso! La vestimenta me hace acordar a unos Parchis crecidos o si nos ponemos malos, a unos Power Rangers del subdesarrollo...




          Su gran fama se debe al video de las cintas de caminar de gimnasio, una sencilla idea pero de difícil realización.

No lo pongo acá porque no existe persona que no lo haya visto, mas de 15 millones de visitas en youtube, un récord insuperable.

Un video que puedo ver mil veces y no cansarme. La canción ayuda en este caso, me parece muy buena y lograda dentro de su estilo indie, mezcla de pop y rock en partes iguales.

Los Ok Go, un extraño caso de fama musical siendo ella... extra musical.

viernes, 17 de septiembre de 2010

CIARA



          Sorpresa me llevé con esta nueva artista llamada Ciara, nueva para mí claro esta que no estoy en las novedades y que reúne en una sola mujer negra, todo lo que me gusta de estrellas como Beyoncé y Jennifer López, referentes estrellas de las solista femeninas actuales.

Belleza, buena voz, dotes para el baile y mucha actitud serían los requisitos fundamentales que ella cumple.

Ciara Princess Harris debutó en el 2004 con solo 19 años en el álbum Goodies que fue un éxito y lleva 3 discos en una carrera de mayor a menor quizas, pero llena de colaboraciones de buen gusto con artistas de la talla de Missy Elliott, Ludacris, Justin Timberlake y 50 Cent que según dicen es su actual pareja (puaj) (también hizo un video y tema con Enrique Iglesias... y bue).

Esta morocha está a punto de sacar un nuevo disco llamado Basic Instinct que solo espero que sea escuchable, con los videos solos me alcanza...




martes, 14 de septiembre de 2010

Covers de JOHN LENNON



          En verdad no espero nunca razones para hacer un post sobre John Lennon. El solo hecho de saberlo uno de los músicos más importante de mi historia personal, en conjunción con un día lluvioso, me lo permite.

El sinfín de homenajes musicales que uno ve en el youtube me hace también mas fácil todo. Aquí algunos ejemplos...



ELTON JOHN

Elton
no es un músico de mi agrado, pero tengo que reconocer que hace una buena versión de un himno como Imagine, algo que muy pocos logran y él además lo hace con un leve desparpajo.

Escuché este tema por muchos, muchos artistas y ésta es una de las mejores versiones.




LOU REED
Toda una leyenda, pero no precisamente por destacarse por su fuerza interpretativa en el escenario, sino mas bien a la manera de un Bob Dylan por sus letras y su interpretación justa, medida, cerebral.

Nunca lo ví así, casi en trance, enérgico como en este homenaje a Lennon, cantando con furia Jealous Guy, con tanta pasión como sintiendo en verdad la pérdida de un par, de John. Un grande.



DAVID BOWIE
Así como Elton, David Bowie tuvo la suerte de componer un tema junto a John (Fame). Cuando tuvo la oportunidad con su mega banda de finales de los 80's Tin Machine, realizó este cover de Working Class Hero para el disco debut, aquí su versión en vivo.



MICHAEL JACKSON
Por último (aunque hay miles de ejemplos más) otro de los grandes de nuestra era, Michael Jackson sorprende con su versión de Come togheter para su película Moonwalker.

Sorprende digo porque uno piensa que por su estilo él es más afín a las canciones de su amigo Paul.


jueves, 26 de agosto de 2010

SOBRE CHAPLIN (Y SOBRE POE)

El Otro Poe
por Abelardo Castillo

Rilke enseñó famosamente a no aventurarse en ciertos temas, sobre los que, por haberse escrito mucho o de modo inmejorable, ya casi es imposible agregar nada. Voy a desoírlo. La literatura ya se sabe, es siempre una contravención. Voy a hablar de Chaplin.
Chaplin, que en el cine del cura, en mi pueblo, se pronunciaba Chaplín (y suena mejor, suena a vidrio rompiéndose), no pertenece para mí a la historia del arte, ni siquiera a la del cine. Pertenece a otra historia, menos grandiosa, más atorrante: a la mía. A la de saltar un tapial o el cerco y, abarrotándose los bolsillos de nísperos, eludir el escobazo de la solterona indicadora de la propiedad privada. Una vez, cuenta un poeta, el universo cedió entero en el rectángulo de unos bigotitos.

Desde entonces cada cual tiene el Carlitos que se merece. Cuando somos chicos usamos, todos, un Chaplín idéntico, con acento -un chaplín-, un vertiginoso Carlitos que esquiva fantásticas trompadas y tanto te golpea con un lampazo, como te aplasta una torta de crema en la solemne nariz. E l tiempo pasa, y de pronto uno sospecha si el verdadero Carlitos no será el defensor de muchachas pálidas, el doloroso Carlitos del beso para otro, de los finales por el camino.

Ciertas lecturas, ciertos empujones de esos que habla Vallejo -"hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé"- y Chaplin empieza a ser el rectángulo de un bigotito donde cabe el universo. El que cada uno se merece. Como pasa con Don Quijote. Como pasa con Dios.

El Chaplin que yo digo es trágico. Duele. Ya no da ale
gría que se caiga de la silla, justo cuando debiera deslumbrar a Paulette Godart. Hay algo horrible en eso de saber que no son sus puños, como corresponde al héroe intrépido, si no el azar, lo que prevalece sobre el mafioso enorme. Y un día se comprende que la invulnerabilidad de Carlitos es aparente.

Lo mismo que es aparente su elegancia. Dandy de extramuros, forma rotosa y arbritaria de Byron, Brummel de albañal -haciendo equilibrio con los pies en un ángulo imposible, como los ebrios, como los equilibristas sobre la cuerda floja-, ese Chaplin que yo uso se parece a otra persona.

Su levita, su bastón, sus bigotitos insensatos, y sobre todo su manrera borracha de caminar, me recuerdan extrañamente otra levita, otro bastón, otros bigotitoss rectangulares que ya anduvieron otra vez por el mundo. Gomez de la Serna, creo, fue el primero (quizá el único), que advirtió el parecido físico del que hablo. Porque la terrible magia quiso, para que haya paz en mi alma, que Chaplin se pareciera a Edgar Poe.

Vistos de atrás, lléndose uno por el camino de tierra que seguramente conduce al epicentro de la esperanza; deambulando, el otro, por la torcida perspectiva de algún sombrío callejón de Baltimore, podría jurarse que son el mismo. Dialécticas fantásticas enseñan que son el mismo.

Porque si cada cosa, en su hondura, sueña su más estremecedor contrario, del cielo al infierno, de la piedad al desprecio, del amor a la vida al horror por la muerte, ¿que distancia hay? Una vez imaginé que Poe murió para que viviera Whitman. Ya no lo creo. Poe resucitó dialecticamente en Chaplin.
Por eso Trompifai todavía lo persigue.

Hubo un griego que recordaba su múltiple pasado de guerrero, de árbol, de pez, de muchacha; Chaplin, ignora que una vez fue Poe. Sin embargo, en alguna película aparecerá - de espaldas- ante la puerta de una taberna, con el pie envuelto en un trapo.

Y uno recuerda entonces un salto que consignan las biografías de Poe, y un reventón, el más inmortal desfondarse en un zapato que registra la historia de la poesía porque le aconteció al único par de botines que tenía el más grande poeta de su tiempo. No sé si Poe se envolvió el pie en un trapo, pero a la taberna fue. Siempre iba.

Un año antes de morir Poe, Esatdos Unidos anexo los yacimientos de oro más grandes del continente; Poe no tuvo tiempo de hacer la mochila e ir a descubreir alguna veta: vendió el poema más bello de la lengua inglesa en cinco dólares. La pequeña Virginia Clemm, entonces, murió tísica. Otro hombrecito, muchos años después, filmará una cinta, descubrirá un yacimiento y salvará una muchacha.

Los dos entendieron que la rendición de los hombres está en ser como los chicos; Carlitos los recuperó para la infancia de la risa; Poe para la del miedo, para la del horro puro, elemental. A veces los sueños de Poe se enmarañan con los de Charlot y escribe un cuento como El Método del Profesor Alquitrán y el Doctor Pluma, que pudo ser imaginado por Chaplin; y este filma Monsieur Verdoux, que pudo ser una pesadilla de Poe. Usher tapiaba sus mujeres; Verdoux las quema.

Cada hombre es la proseguida tentativa de otro hombre. El que yo digo anduvo a tropezones una terrible noche de Baltimore. Recortada contra los torvos callejones, su apostura antigua de caballero sureño, raída, le daba una rara apariencia de dandy del arroyo.

Al doblar una esquina -borracho a muerte, con láudano- estuvo a punto de caer despatarrado y el vigilante que lo seguía se atusó el bigote. Durante un segundo solo hubo la luna histérica, de Albayalde, sobre la calle. Y entonces ocurrió. El caballero de la tropezante figura, de pronto, había resuelto para siempre el problema más grande de su vida.

Era el 7 de octubre de 1849, y para eso se había escapado de su casa una remota Nochebuena
. Maravillosamente recuperó el equilibrio. Abrió los pies, reboleó el bastón, le crecieron desaforados zapatos de polichinela, giró sobre sus talones, y al regresar -quitándose el sombrero con rápido saludo- pasó, muy orondo, ante el perplejo vigilante nocturno. Después se inventó un camino.
Y así anda por el mundo, de lo más entero, saludando a la gente por cualquier motivo, salvando muchachas, rompiendo vidrios, levantando una bandera roja, comiéndose los cordones de los botines, jugando, para siempre a ser Carlitos.



Incluído en Las Palabras y los días,
Abelardo Castillo, Emecé, 1988

viernes, 13 de agosto de 2010

JENJI


Este es el viaje lisérgico que emprende el entrañable Hombre de Jenjibre, en una de las mejores escenas de la mediocre Shrek 3 (la más floja de las cuatro partes).

Acosado por el Capitán Garfio, se pega un viaje de aquellos recorriendo toda su vida en perspectiva, como cualquier "hombre" que ve de cerca su propia muerte.

Su nacimiento y creación, su niñez, el colegio, el primer beso, su casamiento, todo pasa en menos de un minuto por su afiebrada mente.


El mejor personaje animado en mucho tiempo...





viernes, 30 de julio de 2010

CASERO SOBRE CAPUSOTTO


El humor argentino tuvo un antes y un después en la televisón con la emisión de Cha Cha Cha, engendro ideado y a la medida de Alfredo Casero. La improvisación, la gente que participaba, las ideas que adelantaban años, el carisma del propio Casero, fueron quizás sus marcas.

Su legendario mal humor personal, errores de cálculo, hicieron que nunca más el autor lograra acercarse ni siquiera a un 30% de su leyenda. Habría que volver a verlo en el teatro donde dicen que está en su salsa y con sus mismos y entrañables personajes.

Parece que el "gen" se lo llevó un tal Capusotto, participante de ese logro y del actual mejor programa argentino de humor por lejos, que comenzó su nueva temporada la semana pasada y parece eternizarse con las mismas ideas/razones/marcas que caracterizaron al tal Cha Cha Cha.

Aquí un fragmento de una nota añeja pero actual, que los une y que los separa al mismo tiempo.


-¿De qué te reís últimamente?- He visto cosas de Capusotto que me matan. Me encanta. Me parece que de todos nosotros fue el más popular, el que tenía más claro todo, con el que más me reí. Y es una felicidad verlo. Siempre me pinchan, viste, para ver si hay algo... Y realmente, cuando lo veo, me cago de risa. También se lo que significa hacer eso, que es un laburo de locos, que yo no haría ni en pedo.

-¿Sos amigo de él, se ven cada tanto?

-¡No lo veo nunca! Después de que nos separamos como grupo no me dan bola, no me llamaron ni nada. Bueno, cuando trabajábamos rara vez fuimos muy amigos unos de otros. Era una cosa muy particular, me di cuenta con el tiempo. Pero disfrutábamos todos de hacerla.

A Capusotto lo veo como un niño, se ríe como un niño. Está muy por sobre el resto. Triunfó. La idea de la revolución vaporesiana no era mía ni de nadie, pero buscaba que entendieran, que vieran. Bueno, lo logró. Conque lo logre uno ya está, no sé si después me querés tener de aliado o no, me chupa un huevo. El asunto es que lograste cambiar algo... Me encantaría poder encontrarme con Capusotto.... (Radar, 13/09/09)




domingo, 25 de julio de 2010

ANDRES, QUE MAL TE VES!...


"...es absolutamente necesario que la poesía sea una hija obediente de la música...
una ópera debe gustar más siempre que el plan de la pieza esté bien trazado,
que las palabras estén escritas para la música... los versos están bien, es lo más indispensable,
pero
la rima por la rima
es lo más perjudicial..."



Fragmento de carta de Mozart a su padre Leopold

del 13 de Octubre de "1781"




¡Teléfono Andrés! un tal Mozart...

domingo, 18 de julio de 2010

BUSTER KEATON


Como es posible que una persona pudiera hacer esto a comienzos del siglo pasado. Atleta de la comicidad, alguien dijo que nunca hubo un actor que "cayera" tan bien. Y es verdad.

Solo para deleitarse una vez mas, algunos "simples" gags de Buster a ritmo de can - can.







Aquí el 1% de Buster en el día de hoy que demuestra que lo de él es irreptible. Pequeños gags recreados en una p
laza. Igual muy gracioso.

domingo, 11 de julio de 2010

CHAPLIN & STEVEN SPIELBERG

Chaplin aportó el melodrama y una sensibilidad romántica inédita en el cine cómico mudo de principios del siglo pasado.

Spielberg tomó nota de este método para usarlo en la mayoría de sus films, algunos tan clásicos como los del vagabundo.

En este clip del 2005 (creación francesa), dialogan de forma entretenida y tierna el de bastón con algunas criaturas de Steven.


lunes, 28 de junio de 2010

ENCUESTAS Y ANTINOMIAS

Ya están acostumbrados aquí a las encuestas molestas para elegir al favorito entre varios duetos artísticos, a veces imposibles pero no sin una razón aparente.

En esta última ustedes votaron, eligieron y estos son los resultados con algunas reflexiones sueltas...




Star Wars 59
Star Trek 28


Duelo de estrellados, parece ser que la gran serie no puede hacer nada contra la gran película.

Aunque hay diferencias de envergadura, ambas tienen grandes personajes, legiones de fans, grandes actores, pero la fama de Vader y compañía hacen la diferencia.

Charles Chaplin 63
Buster Keaton 28


La de mayor diferencia de votos. El más y el menos votado de toda esta encuesta de duelos.

Ni en este blog que se presume vota gente relacionada o interesada en el arte y que saben de la importancia de Buster Keaton en la historia de la comicidad y le cine mismo, logra emparejar la pulseada.


Chaplin
es un ícono universal solo comparable a figuras tales como Jesús, Gandhi, el Che, Los Beatles o Michael Jackson en popularidad.

Imbatible.



Beethoven 57
Mozart 30


Esto es todavía mas anecdótico si se quiere, pero el sordo sacó una buena diferencia en el duelo de genios totales de la música.

El alumno supera al maestro...





Boca Juniors 48
River Plate 35

Boca Juniors
es el club más grande y representativo no solo de la Argentina, sino de América toda.

Maradona, sus actuales figuras (Palermo, Riquelme), sus copas en estos últimos 15 años, su permanencia en Japón, su barrio, su cancha... todo es mítico.

River (además en uno de los peores momentos de su historia), nunca va a poder hacer nada contra esto.






Roger Federer 45
Rafael Nadal 43


Rafa le hizo mas fuerza de lo que pensaba, ya Roger no es el gran indiscutido que era antes.

Nadal
demostró con sus actitudes y dichos que también es una gran persona.

Y de paso volvió a ser el n° 1 para los exitistas.

La próxima encuesta vemos como te va Rogelio, cuidate!





Jennifer Lopez 46
Beyoncé 45


El duelo mas parejo de todos, tan solo un voto de distancia. Dos bellezas totales que combaten por la misma franja de público.

Beyoncé
es quizás mas "actual" pero acá no hubo casi diferencia, al contrario.

La
J.Lo es lo más...
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