10 años sin Prince y sigo aún procesando la pérdida de la persona que es la columna vertebral de todo mi gusto musical. Ese pequeño y gran hombre orquesta, estridente y magnífico, que se fue un día de la manera mas atípica: en silencio, en soledad.
Ese recuerdo final no empaña lo que me hizo sentir en los muchos años de su música suprema: el valor de la libertad de lo distinto, de lo genial, de la valentía de ser diferente, auténtico.
Nada de nostalgia o melancolía, pero 10 años son muchos años y saber que me quedan algunos otros sin él se hace difícil. Pero como ocurre con toda pérdida, queda el recordar lo disfrutado y el volver a vivir lo que me dió con cada nota de esos discos inolvidables.
Larga vida al único Príncipe que fue en verdad Rey.
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