Esas fueron sus últimas palabras hacia mi: "Andá a comer". Me cuidaba incluso cuando era él que estaba internado en sus últimos días. Pero los abuelos -los buenos, los que son recordables- son así.
De la provinciana Tres Sargentos a la capital, con nombre en honor a Gardel y todo, encargado de edificio eterno, su tango preferido era Naranjo en flor, recto, con mucho sentido del humor, casi 92 años de generosidad inmensa. Con algunos pocos defectos, siempre fue un pilar en mi vida y un espejo donde mirarme. Y lo seguirá siendo.
Nos vemos en cualquier momento "Chichín"...




