FRANZ KAFKA - El Puente

Yo estaba rígido y frío; yo era un puente; sobre un precipicio estaba yo tendido, hundidas de este lado las puntas de los pies, del otro lado las manos, me había enclavado fuertemente en un limo desmoronadizo.

Los faldones de mi chaqueta ondeaban a mis lados. Abajo alborotaba el frígido arroyo de las truchas. Ningún turista se descarriaba hacia estas intransitables alturas; el puente no estaba aún consignado en mapa alguno...


Así estaba yo tendido, y esperaba; tenía que esperar. Sin desplomarse, ningún puente que alguna vez haya sido construído puede dejar de ser un puente.

Una vez... hacia el anochecer fue eso -fue eso lo primero... fue eso el último... no lo sé- mis pensamientos desembocaban en el caos, y siempre moviéndose en ronda. Hacia el anochecer, en verano (el arroyo sonaba con un fragor sombrío)... fue entonces que oí pasos de hombre. ¡Hacia mí, hacia mí!

¡Estírate puente! ¡Ponte en condiciones, viga sin barandas, soporta al que te ha sido confiado! ¡Compensa imperceptiblemente la inseguridad de su paso; pero si él se tambalea, date entonces a conocer, y, cual un dios de las montañas, arrójalo a tierra firme!

Él llegó; con la punta de acero de su bastón me dió unos golpecitos; con aquélla levantó después los faldones de mi chaqueta y los colocó ordenadamente encima de mí. Con la punta revolvió mi enmarañado cabello, y, echando quizás una feroz mirada en su derredor, la dejó ahí largo rato. Pero después -justo en ese instante soñaba yo con él por sobre montañas y valles- me saltó con ambos pies en el medio del cuerpo.

En medio de salvajes dolores e ignorante de todo, miré. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un demonio? ¿Un exterminador?

Y me di vuelta, para verlo... ¡Puente que se da vuelta!...

No había alcanzado a darme vuelta del todo cuando ya me desplomé, y ya estaba desgarrado y traspasado por los afilados pedernales que siempre me habían contemplado tan amistosamente desde las enfurecidas aguas.

Comentarios

  1. Qué bueno que hayas escogido este en particular y no los tan populares. Éste es uno de los cuentos póstumos del maestro (al menos según se indica en mi "Relatos completos" de ed. Lozada que quizá también tengas.
    Es muy bueno, incluso si hubieras omitido el nombre del autor es fácil adivinarlo, tiene ese "gustillo" kafkiano que encierra todo el concepto de su cuerpo como un instrumento que debe ser castigado, torturado, apremiado por fuerzas superiores y a la vez inalcanzables.
    Es grande Kafka.
    Saludos,

    ResponderEliminar
  2. HILDE10.7.11

    Leí que en el metro de la Cd. de México, habian implementado un vagón amarillo en el cual los usuarios iban leyendo en cada parada fragmentos de este cuento y me causo curiosidad saber sobre el mismo. No vivo en el D.F. pero fue una gran idea de las librerias Ganhi, saludos

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por tu artístico comentario