Saben que mi inmadurez me sigue permitiendo disfrutar de los cómics, pero no hablo de esos que son excelentes como guión y que son mejores que libros o hasta películas enteras. No, hablo de esos que te dan vergüenza ajena porque produce el instinto básico del disfrute por que si, por lo escatológico, por el humor irreverente, border e irrespetuoso. En este caso también por nostalgia.
Todo eso era El Cazador en los 90's, un producto maravilloso para gente joven, sin prejuicios y con mucho humor (bizarro). Una especie de Lobo de DC pero más políticamente incorrecto, capaz de tener una aventura en uno de sus números con el presidente Menem, Superman, los Dragon Ball o Maradona. Un producto quizá demasiado argentino como para una proyección fuera de estas fronteras.
Si hoy me cruzo alguno de esos cómics de casualidad en alguna librería o feria, lo primero que me produce es una sonrisa enorme por ese disfrute pasado.



