Para muchos la lluvia es romántica, placentera, incitadora de sexo o de una simple siesta solo por escucharla. Se usa también como recurso poético. A mi casi todas las veces me deprime, me impide hacer cosas al aire libre o simplemente me predispone mal. Pero eso sí, soy uno de los pocos que no me molesta mojarme. Asi hago, como si la ignorara.
Solo me complace la lluvia cuando alguien en algún momento se inspira y escribe un buen relato o una buena canción. Les dejo ambas...

Aplastamiento de las gotas

Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae.
Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
Julio Cortázar,
Historias de Cronopios y de Famas
Historias de Cronopios y de Famas