Es sorprendente el volver a reencontrarte de joven pero no en una foto antigua al pasar o en algún video casero... sino en otra persona.
En una recomendación musical de la página Indie Hoy descubrí a Furio, artista argentino que vive en Barcelona y más allá de la música (que me gusta mucho su estilo), me causó asombro el parecido conmigo a su misma edad (unos 20 y tantos), corroborado por la gente que me conoció de joven y por alguna foto.
Por supuesto que desde hoy soy tu fan Furio y si querés saber como vas a envejecer, bueno, contactame cuando quieras je.
FURIO - "OK A-A"
"Si bien no es un ‘álbum pandémico’, es muy cierto que dejé de lado la música de club y pop experimental que suelo escuchar y gravité hacía la música de algunos cantautores de los setenta y ochenta que me cautivaron por su sinceridad y sencillez. Me enamoré de la calidez de esa música, de una época quizás más simple y menos rebuscada. Se me vienen a la cabeza canciones como It’s Gonna Be Lonely, de Prince...". Furio en entrevista en Metal Magazine
Tengo lista de música en Spotify en conjunto con mis dos hijas (desde cuando estoy tan grande como para ello no lo sé), pero disfruto esta etapa donde ellas me enseñan por donde va la buena nueva música de hoy.
Como ejemplo, dos canciones que les "robé" y que son de mis favoritas en mis escuchas recientes. Claro que hay cosas que no concuerdo como la cumbia antigua de Gricel o la "Noche Mágica" de Tan Biónica de Maggie, pero en gran mayoría coincidimos en los gustos musicales quizá por lo que escucharon conmigo y parte de iniciativa propia de ambas. Estoy contento.
EMOTIONAL ORANGES - ALL THAT Mucho groove, con onda de la música negra que me gusta. La que más repetí en escuchas de la lista de Gricel entre otras.
YOUNG - VACATIONS Pausada, nostálgica, así es mucho de la música que escucha Maggie y me encanta.
Gran acumulador de frases, éstas adornador el blog desde el
lateral. Renovando el diseño, no quería perderlas porque son de mis
preferidas por lo que significan, por lo que enseñan y por definirme.
En dos partes, mis frases preferidas de siempre.
Está la vieja ola, está la nueva y está Bowie. Eslogan de la RCA (Radio Corporation of America) en los 70's
Es
la música lo que transmite el mensaje, no la letra, la música ya tiene
implícito el mensaje. Si no fuera así la música clásica no habría tenido
éxito expresando algo que no necesita palabras. David Bowie, New Musical Express 1980
A
medida que cumplo años, las preguntas se reducen a dos o tres: ¿Cuánto
tiempo me queda? Y ¿qué hago con ese tiempo que me queda?. David Bowie
Sin la música, la vida sería un error. Nietzsche
Nunca olvido un rostro... pero con usted haré una excepción. Groucho Marx
La religión sirve sencillamente para que las masas se resignen
más sencillamente a las muchas frustraciones que presenta la realidad. Erich Fromm
El
peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no
participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la
vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del
zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El
analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho
diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política
nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos
que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas
nacionales y multinacionales. Bertolt Brecht (1898)
Con el tiempo odiamos aquello que a menudo tememos. Shakespeare
En la bondad se encierran todos los géneros de sabiduría. Ernesto Sábato
Tres
pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi
vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable
piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como
grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta
cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de
la desesperación. Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse y
con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad. Bertrand Russell Autobiografía, 1967
El placer es la única cosa por la que se debe vivir. Nada envejece como la felicidad. Oscar Wilde
La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. Bernard Shaw
¿Está
dispuesto dios a prevenir la maldad, pero no puede? entonces no es
omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? entonces es
malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto? entonces, ¿de dónde
proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto? entonces,
¿por qué llamarlo Dios?. Epicuro
El optimista cree en los demás; el pesimista sólo cree en sí mismo. G.K. Chesterton
30/10/60. Ese día nació el argentino más famoso de todos los tiempos. Como no festejar ese hombre que nos acompañó, apoyó y brindó hermosos momentos (y grandes frases). Se festejará por siempre.
“Hola, soy Diego. Acabo de cumplir 56 años y a los hinchas
argentinos, a los maradoneanos, los de Boca, los de Argentinos, a los de
Newell's, a toda la Argentina, gracias por todos los mensajes, gracias
por el cariño, gracias por pensar en el Diego de la gente”
“Lo mejor que me pasó en estos 51 años es mi nieto Benjamín. No tiene comparación con nada. Ni siquiera con el gol a los ingleses”
Relato que tanto me hubiese gustado escribir porque me representa en un 100%, realizado por Fernando, periodista del diario Página 12 donde habla de la dicotomía propia de los argentinos en torno a Messi/Maradona.
Texto poético, con humor y sentimiento de un "dieguista" (como corresponde a todo hombre mayor), decía que solo un argentino lo podría entender pero me olvido de los napolitanos, que son aún, más fanáticos que nosotros. Para amantes de Maradona, Messi y el fútbol argentino. Disfruten.
Por Fernando Tranfo 17 de octubre de 2024 - Diario Página 12
Una sola cosa no le perdono a Maradona, entre tantas, inagotables otras que le agradezco eternamente: que ‘por su culpa’ no he podido amar a Messi. No he podido. Nada, ni un poquito, ni un rato, ni una jugada. Un verdadero escándalo para alguien como yo, que se dice amante de la belleza. La monogamia y el monoteísmo me imponían con furia medieval una fidelidad que no aceptaba nada que no sea un amor exclusivo, posesivo, demandante.
Nada. Ni poliamor, ni una cañita al aire. Ni politeísmo, ni ecumenismo. Fue retirarse Maradona e iniciar una viudez típica de mi abuela italiana, ese duelo que impedía sonreír o llorar ante todo lo que no fuera la foto o la tumba del marido ausente.
No he podido ‘ver’a Messi. Lo he intentado, procuré dejarme fluir ante la evidencia de su genio, pero no pude. Para colmo, tengo amigos que dicen amar con igual ardor a Diego y a Lío. Me emociona, realmente, ver a gente que hace la estatua de Lío sin fundir la de Diego. Me parece, de hecho, un acto de justicia poética y deportiva esa bandera con el rostro de ambos flameando en las canchas. Pero… Ah, yo ni siquiera podía, como me sugería mi joven amigo Mati Marongo, “querer a Messi, con la foto de Diego en la mesita de luz”.
Nunca he estado cómodo con mi ceguera. La he vivido como un verdadero drama, como una especie de hemiplejia futbolera. He padecido esa obsesión, toda vez que alguien aludía a Lío, de escuchar la parásita frase: “No, pero el Diego…”. Por eso, a diferencia de casi todos los pertenecientes a la comunidad maradoniana, yo he procurado entender la devoción ‘messiánica’; he intentado, ya que no la empatía, al menos una especie de tregua racional ante los sentimientos de los fanáticos de Lionel. Pero… no hace tanto, en un asado... tres de la mañana, ríos de vino, risotadas desenfrenadas, párpados derrotados, abrazos yuxtapuestos… y alguno de golpe inició la detonación de un destino:
-Y ahora que Messi levantó la copa, ¿qué vas a decir? –me interpeló uno, que no era tan amigo como para inquirirme de ese modo.
Tomé aire, mucho aire; pero, claro, antes había tomado mucho vino. Preferí, no obstante, la reflexión conciliatoria:
¿Qué voy a decir? Que estoy feliz, que por fin abracé a mis hijos sin joderlos con mi melancolía ‘ochentiseisca’, que creo que Messi campeón del mundo es uno de los actos de justicia deportiva más grande de todos los tiempos…
Entonces ese bobo al que Messi le preguntaría “¿Qué mirás?” dijo lo que jamás hay que decir cuando hay en una misma mesa maradonianos, vino y cuchillos.
Es el acto de justicia más grande de todos los tiempos, porque se hizo justicia con el más grande de todos los tiempos…
Ahora no tomé aire; tomé más vino. Mucho vino, y dije:
Aún debajo de esa cara de mamerto que tenés, que aniquila cualquier fisonomía, se nota que rondás los cincuenta años. Y nadie, en Argentina, con tu edad, puede decir que alguien es mejor que Diego. Eso lo puede decir un nene, un adolescente o un catalán… un cincuentón como vos no lo puede decir. Bueno, ya lo dijiste, lo que quiero que quede claro es que no voy a permitir delante de mí, en un asado, en Argentina, que alguien lo diga…
El devoto de Lío acercó su cara a la mía y escaló el conflicto: ¿Y quién me lo va a impedir? –preguntó, retóricamente. Dicen los que estaban allí que mi cara se transformó, que tomé un cuchillo, le di uno a él y, como Dahlmann, salí a la calle. Dicen que hubo bravuconadas de patio de escuela, pero con cuchillos flameando. Vuelto de ese oprobio, decidí tomar una decisión que venía meditando hacía un tiempo: ‘curarme’, no de mi amor a Diego, pero sí de su aspecto nocivo; el que no me permite querer al genio rosarino.
Pensé: si terapias cognitivo-conductuales pueden torcer destinos de hierro como las adicciones o las fobias; ¿por qué no podría yo abolir ese maradonismo que me privaba de un disfrute sublime? Un amigo me dijo que en el barrio atendía un psiquiatra que había logrado que su tío aracnofóbico jugara con las tarántulas como si fueran un perro. Hacia él fui, pues, con la paradojal esperanza de los desesperados.
Todo lo que las sesiones fueron revelando era de una lucidez y una eficacia que rápidamente abortó mi indómita desconfianza en las clásicas terapias freudianas. Nada buchonear a nuestra madre; primero, programación lingüística: el hombre me pidió que, toda vez que una frase viniera a alojarse en modo obsesivo en mi mente la reformulara. Así, las clásicas “No, pero el Diego…”, “En la época del Diego…”, “El gol a los ingleses…”; rápidamente fueron suplidas por “Cada época tiene su genio…”, “Los Maradona, los Messi…”. Superada esta primera barrera apareció otra, ardua, que encaré con optimismo: el doctor me pidió que evitara por un tiempo –hasta que él lo indicara- ver videos de Diego. No fue fácil la abstinencia, pero en un par de semanas superé la prueba. Entonces… uf, qué desafío: debía, cuando asistía a una discusión entre maradonianos y messiánicos, ponerme del lado de estos últimos, tratando de elaborar argumentos que fortalecieran su devoción. Examen superado. Los meses pasaban y hasta yo mismo me sorprendía de mis logros; una noche, de hecho… ¡soñé con Messi! Me levanté llorando de emoción. Un domingo a la tarde, estando solo, me puse a ver videos de Lío; terminé yendo al otro día a comprar unos stickers suyos y los pegué en la heladera, al lado –geométrica y simbólicamente- del de Diego en México.
Estaba, por fin, saliendo de la peor soledad: la de quien no puede estar alegre donde todos lo están. Estaba, ya con Diego en el más allá, permitiéndome una noche de amor de viudo en plan de resetear su vida afectiva.
Una tarde, releyendo la Divina comedia, no me indigné cuando Dante afirma la superioridad de Aristóteles sobre el resto de los filósofos, relegando a Platón. Esa noche soñé que Dante me decía: “El verdadero genio no es aquel que permite decir de él que es el mejor de todos; sino aquel que impide que se diga que puede haber alguien mejor que él”. La cura estaba, al fin, por formalizarse.
Pero faltaba la última prueba. Anoche un grupo de fanáticos de Messi me invitó a una reunión devocional. No sólo me convocaron para que sea ‘uno de ellos’, sino que, en medio de la noche… ¡me pidieron que yo cerrara el evento dando un discurso! Tomé la palabra con una emoción que sólo me producía pensar en Diego. Superé las culpas de ultratumba y dije:
“Como ustedes saben, hace algún tiempo decidí librar una batalla contra un aspecto de mí que me ha hecho mucho mal: ese amor a Diego que me ha llevado, injustamente, a malquerer a Lionel. Él jamás mereció esto, y tuvo que cargar, ya que del ‘messías’ se trata, con esa cruz tan dolorosa e infame. Yo formé parte de esa caravana insólita, absurda, que creyó que la única manera de amar a Diego era no amar a Lionel. Yo era, ustedes saben, ese bravucón que en un asado no deja que nadie hable bien de Messi. Es realmente maravilloso que hayan tenido este gesto conmigo, que hayan preferido que fuera yo quien hablara y no, con todo derecho, uno de ustedes; tal vez porque, sencillamente, yo ahora soy uno de ustedes.
Por cierto, si yo fuese ahora el que era hace algunos meses estaría, ante un grupo de fieles a Lío, desplegando mis argumentos ‘anti’: que la actuación de Diego en el 86’ es incomparable, que su segundo gol a Inglaterra es el más grande acontecimiento de la historia del fútbol y de la historia argentina; que Diego brilló en equipos mediocres; que pudo ser el más grande futbolista siendo un deportista desastroso; que la belleza de su arte prescinde de la mera cantidad; que jamás lo escuché, ante un pregunta incómoda, contestar “Yo de eso prefiero no opinar”…
Estas cosas, seguramente, hubiera dicho yo hace unos meses ante un auditorio como ustedes. Y ahora estoy acá, para decirles –de pronto vi un cartel detrás de la multitud que pontificaba: “Messi: el más grande de la historia”-… Para decirles que todo lo que acabo decir lo sigo pensando y que ustedes, si creen que Messi fue el mejor de la historia… la tienen adentro”.
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